I
A veces tomo colectivos sin destino, sólo para oír como cambia el aire.
Los barrios se suceden como capítulos que la ciudad me dicta en voz baja.
En cada esquina descubro un pulso distinto, como si guardara vidas anteriores.
Los pasajeros vienen y van, pero algo en sus miradas me acompaña.
Cruzar tantos barrios es sentir que algo en mi se va acomodando.
Y al volver, siento que regresé de un viaje que nadie vio, salvo yo.
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