Entradas

III

 Camino por Versalles, bajo un cielo espeso, y las nubes, como viejos arquetipos,se inclinan sobre las casas bajas. Cada vereda parece saber algo de mí que yo apenas sospecho. Despúes de leer a Jung, la tarde respira distinto. Los portones cerrados guardan sombras que buscan nombre, y en las ventanas empañadas parpadea un sueño que no es solo mío. El barrio se vuelve un espejo lento, donde cada árbol inclina su copa para preguntar quién soy. Y yo sigo, como quien vuelve a casa, pero todavía no llegó.

II

Busco una luz mínima, apenas un rastro. Algo que tiemble cuando lo nombro. Camino entre señales rotas. A veces un gesto anónimo me orienta. Otras, todo se vuelve eco. Pero sigo, porque hay direcciones que se sienten antes de saberse.

I

 A veces tomo colectivos sin destino, sólo para oír como cambia el aire. Los barrios se suceden como capítulos que la ciudad me dicta en voz baja. En cada esquina descubro un pulso distinto, como si guardara vidas anteriores. Los pasajeros vienen y van, pero algo en sus miradas me acompaña. Cruzar tantos barrios es sentir que algo en mi se va acomodando. Y al volver, siento que regresé de un viaje que nadie vio, salvo yo.