III
Camino por Versalles, bajo un cielo espeso, y las nubes, como viejos arquetipos,se inclinan sobre las casas bajas. Cada vereda parece saber algo de mí que yo apenas sospecho. Despúes de leer a Jung, la tarde respira distinto. Los portones cerrados guardan sombras que buscan nombre, y en las ventanas empañadas parpadea un sueño que no es solo mío. El barrio se vuelve un espejo lento, donde cada árbol inclina su copa para preguntar quién soy. Y yo sigo, como quien vuelve a casa, pero todavía no llegó.